Indicios sobre los
Hermanos Mayores
Los
indicios de que
en nuestra prehistoria llegaron a la tierra viajeros de otros
mundos, van siendo cada día mayores. Efectivamente, los
libros sagrados hindúes: el Ramayana y el Mahárabata, que
datan de más de tres mil años, hacen la descripción de
Naves que circularon por el cielo “en el origen de los
tiempos” y que parecían nubes de color azul, en forma de
huevo. Según la descripción, esos aparatos eran impulsados
por fuerza etérea que golpeaba el suelo a partir o por una
vibración que emanaba de una fuerza invisible. Emitían
sonidos dulces, metódicos. Irradiaban brillo como el fuego y
su trayectoria no era recta, sino que parecía una larga
ondulación que los acercaba o alejaba de la tierra.
Obsérvese que este relato se asemeja al de los
acerdotes judíos en los primeros textos biblícos que hablan
de “arcos luminosos”.
El
profesor Agreste, científico matemático de la Universidad de
Moscú, acepta la hipótesis de una antigua migración de
seres humanos extraterrestres. Además afirma que entre los
primeros textos de la Biblia, está un relato referente a
seres llegados del cielo que, como
Enoc, podrían desaparecer y remontarse al cielo en arcos de
luz intensa y espantable.
Una
leyenda antigua de la India dice: “Kukra, volando a bordo de
un Vimana de gran potencia, lanzó sobre la triple ciudad un
proyectil único cargado con la fuerza del Universo. Una
humareda incandescente parecida a diez mil soles se elevó
esplendorosa. Cuando el Vimana hubo aterrizado, apareció como
un espléndido bloque de antimonio posado en el suelo”
En
las construcciones de Baalbeck se tallaron piedras gigantescas
de más de cien toneladas, que es el caso de la famosa
“piedra del sur” que nadie se ha atrevido a sugerir cómo
fué trasladada desde la montaña de origen hasta el lugar
donde se encuentra. La antiguedad del labrado de esta piedra
se remonta a muchos miles de años antes de Cristo, cuando el
ser humano todavía no conocía el uso de los metales, por lo
menos de los metales duros. Asimismo en la región hay una
enorme terraza enlosada hecha a manos con las características
de un piso, pero tan gigantesca, y de tal manera construída,
que esto ha hecho pensar a los sabios que se trata de una pista de
aterrizaje de naves espaciales.
Los
rollos del Mar Muerto, que parecen
comprender un período de más de un siglo antes
de Cristo, han clarificado muchas dudas y a la vez
creando nuevas inquietudes. Por ejemplo en uno de ellos existe
esta afirmación: “Los seres venidos del cielo vivían en la
Tierra en aquellos tiempos y aún después, cuando los hijos
caídos de Dios vinieron.”
Semejante
afirmación que en otro tiempo se habría tomado a la ligera,
pensando en deidades y mitos, ahora parece ser la prueba histórica
de que Cosmonautas procedentes de otros mundos no solamente
visitaron la tierra, sino que vivieron en ella quizás por tiempo
indefinido. De allí nace la idea de que algunas razas de la
humanidad fuéron descendientes directas de estos viajeros de otros
mundos. (Los hebreos?)
En
el mausoleo Purva, en la India, figura el siguiente relato:
“Era un arma desconocida, un rayo de hierro gigantescco,
mensajero de la muerte, que redujo a cenizas a todos los
miembros de la raza de los Vrishnis y de los Andhakas. Los cadáveres
quemados eran irreconocibles. Los cabellos y la uñas se le caían.
Los objetos de barro se rompían sin causa aparente. Los pájaros
se volvían blancos. Al cabo de algunas hora, se estropearon
todos los alimentos. El rayo se deshizo en polvo fino”
No
se parece este relato a la destrucción de Sodoma y Gomorra,
y a la de Hiroshima y Nagasaki? Estos relatos son separados
geográficamente y en el tiempo tienen la misma apariencia.
El
Dsyan, libro sagrado, habla de señores de faz
resplandeciente que
abandonaron la Tierra, retirando sus conocimientos a los
hombres impuros y borrando por desintegración las huellas de
su paso. Se marcharon en carros voladores, movidos por luz, a
su país de hierro y metal.
En
las Islas de Pascua, en el Pacífico, hay una leyenda que
habla
de una raza de señores, de maestros, llegados del infinito de
los tiempos, que bajaron del cielo. Esta leyenda podría tener su origen en América, quizás en Perú y tal vez en los
Incas, lo que nos hace pensar en Tihuanaco, a orillas del lago
Titicaca.
En
pueblos tan apartados como los esquimales, hay leyendas que
hablan de antiguas tribus trasportadas al Gran Norte por pájaros
gigantes metálicos, y que esto sucedió en el principio de
los tiempos, supuestamente se refiere a unos diez mil años
atrás.
El
Popol Vuh, libro sagrado de los quichés en América, habla de
una civilización infinitamente antigua que conocía las
nebulosas y todo el sistema solar. Estudiaban los cuatro
rincones del horizonte, los cuatro puntos cardinales del arco
del cielo y la cara redonda de la Tierra.
En
el desierto de Sahara hay una meseta llamada Hoggar, que fué
visitada por Henry Lothe, encontrando construcciones y columnas
de tamaño descomunal. Cerca de éste lugar está Jabbaren,
conocida como la “Ciudad de los Gigantes”. Allí el
investigador encontró muchísimas pinturas de estilos sin
antecedentes en ninguna otra parte del mundo. En el fondo de
una caverna encontraron una figura como de tres metros de
altura representando a un hombre con una máscara transparente
muy semejante a las usadas actualmente por los viajeros del
espacio. El resto de la cabeza, redondo, representaba
evidentemente un casco protector. No cabe duda que alguién
trató de dejar huella allí; de como se cubrían los “
hombres del cielo”. Lothe bautizó la figura como “El
Marciano”. Después de ese primer descubrimiento siguieron
apareciendo otras figuras semejantes, todas llamadas desde
entonces “Marcianos” , sin que naturalmente, haya ninguna
base que demuestre que efectivamente esos viajeros fueron de
origen Marciano. Se cree que esta figura data de hace más de
10.000 años
En
la gruta de Tessali, en el propio Sahara, hay figuras grabadas
en la roca que representan personajes con cascos y grandes
cuernos, de donde parten unos cohetes sugeridos a base de
miles de puntitos como cauda.. No son estas las únicas cuevas
con rastros rupestres en
el norte de Africa, ya que hay otras zonas importantes como:
Akka, Moghar, Tibesti, Ennedi, Air, Timasao etc.
Los
Rusos descubrieron en una cavernas de Gobi y en otras del
Turkestán, hemisferios de cerámica o vidrio rematados por un
cono en cuyo extremo había una gota de mercurio.
En
las vastas regiones del desierto de Gobi se observan
vitrificaciones del suelo parecidas a las que producen las
explosiones atómicas.
En
las cavernas de Bohistán se han encontrado inscripciones acompañadas
de mapas con intención astronómica que representan las
estrellas en la posición que ocupaban hace más de 5.000 años
y se ven unas lineas que unen Venus con la Tierra...
Entre
las tradiciones Incas está la antiquísima creencia en
hombres blancos llegados del espacio, considerados como hijos
del Sol, hombres que reinaron hace milenios.
En
la Altiplanicie de Marcahuasi, en la cordillera de los andes,
a 3.800 metros de altura, hay tallados en la rocas rostros
humanos y figuras de animales anteriores a los mamíferos,
correspondientes a la era secundaria. Y no sólo eso sino también
estatuas de
leones, camellos y tortugas. Todo esto con la circunstancia
de que se cree que esa especies fueron desconocidas en América.
Para
algunas personas, la Altiplanicie de Bolivia y Perú, evoca
otro planeta. Dicen que aquello no es la Tierra, que quizás
es Marte. La presión atmoférica es mu baja; sin embargo hay
tribus que viven y trabajan a esa altura de más de 3.500
metros sobre el nivel del mar. El método del carbón 14
revela que esa región ha estados habitada desde hace 9.000
años. Recientemente se ha rectificado el cálculo asegurando
que son más de 30.000 años.
En
la llanura del Nazca, Perú, visibles solamente desde avión o
helicóptero, fuéron descubiertas unas líneas geométricas
inmensas. Se afirma que no pudieron haberse trazado sin
auxilio de un aparato volador, aunque el trazo ha partido de
un plano o modelo reducido. La conclusión ha sido que esas
lineas señalan un campo de aterrizaje. Con esto volvemos a
recordar a los “Llegados del cielo como hijos del Sol”.
Como
otra curiosidad podemos citar “Las puertas del Sol” a
orillas del Titicaca en el Perú, que demuestran tratarse de huellas de una cultura anterior a todo lo conocido. Allí
labrado en la piedra, aparece el calendario más antiguo que
se conoce, al que se le ha calculado una antiguedad de 12 a
15.000 años. Pero éste calendario tiene una característica
sorprendente. Representa el año Venusiano con sus 225 días
terrestres exactos y con sus meses de 24 días.
Los
nuevos ensayos para llegar a Venus y todos los experimentos
hasta hoy realizados han venido dando la razón a este
calendario antiquísimo. Así se ha fortalecido la idea de que
en América fueron Venusinos los que llegaron como viajeros
del espacio.
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